Urbanismo táctico: qué es y por qué está cambiando las calles de nuestras ciudades

Botes de pintura, bloques de hormigón y mucha imaginación. Así es el modelo de transformación urbana de bajo coste que está devolviendo el espacio público a los peatones frente al dominio histórico del coche.

Seguro que lo has notado en tu ciudad: cruces pintados de colores brillantes, maceteros gigantes que cortan el tráfico, aceras ampliadas de la noche a la mañana o terrazas de bares ganándole metros al asfalto. No es una obra inacabada, es urbanismo táctico.

Esta tendencia global, que nació de movimientos ciudadanos en América Latina y Norteamérica, se basa en una premisa muy sencilla: implementar acciones urbanas de bajo coste y a corto plazo para probar si una solución funciona antes de construir una costosa obra definitiva. Es, literalmente, un «simulacro» a escala real donde los ciudadanos participan directamente probando su eficacia.

El caso de Barcelona: la reconquista del asfalto

El objetivo principal de estas intervenciones suele ser el mismo: invertir la balanza. En ciudades como Barcelona, históricamente el 70% del espacio público ha estado destinado al vehículo privado, frente a un 30% para el peatón.

Para cambiar esto, la capital catalana se ha convertido en un referente europeo aplicando esta táctica en varios frentes:

  • Supermanzanas: Proyectos como los de Poblenou o Sant Antoni, que eliminan el paso de coches en interiores de barrios para crear plazas peatonales.

  • Entornos escolares seguros: El programa «Protegim les escoles» pacifica los alrededores de los colegios.

  • Ampliación «express» de aceras: En calles como Pelai o Ronda Universitat, donde un poco de pintura y unos separadores le han arrebatado carriles al coche para dárselos a las personas.

De Times Square a tu barrio

El poder transformador de esta herramienta está más que probado. El ejemplo más icónico ocurrió en Nueva York, cuando la urbanista Janette Sadik-Khan cerró al tráfico el emblemático Times Square usando simplemente sillas de playa y pintura. ¿El resultado? Los atropellos cayeron un 35%, los accidentes de moto un 63%, y el espacio se volvió permanente.

La pandemia de Covid-19 fue el gran acelerador mundial de esta tendencia. La necesidad urgente de distanciamiento social obligó a las ciudades a ensanchar aceras y permitir que los restaurantes ocuparan plazas de aparcamiento con bloques New Jersey, salvando miles de negocios.

El riesgo del «parche» eterno

Sin embargo, no todo es de color de rosa. Los expertos, como la arquitecta Paz Serra, advierten del mayor peligro del urbanismo táctico: que la solución provisional (con materiales baratos y de peor calidad) se quede para siempre. Es como vivir eternamente en «una tienda de campaña en lugar de construir una casa». Además, en muchas ciudades, estas intervenciones suelen convertirse en un arma arrojadiza entre partidos políticos.

A pesar de sus luces y sombras, el urbanismo táctico ha demostrado que, a veces, para cambiar el mundo, basta con empezar por cambiar el cruce de tu calle.