El artista urbano Sfhir ha regresado a Ferrol para participar nuevamente en el Festival de las Meninas de Canido, uno de los encuentros de arte urbano más importantes de España. Considerado por muchos como uno de los mejores muralistas del mundo tras ganar el premio de Street Art Cities con su obra “La Violonchelista de Fene”, el creador madrileño aprovechó su vuelta para reflexionar sobre la evolución del muralismo y los prejuicios que todavía rodean al sector.
Sfhir, cuyo nombre real es Hugo Lomas, explicó que dejó atrás su carrera como informático para dedicarse por completo al arte urbano. Según relató, abandonó la estabilidad laboral tradicional porque se sentía atrapado en una rutina que no le permitía desarrollar su creatividad. “La mejor apuesta que puedes hacer es por ti”, afirmó el artista al recordar el momento en que decidió cambiar los despachos y la corbata por el spray y los murales de gran formato.
El muralista considera que el arte urbano todavía arrastra numerosos estereotipos debido a sus orígenes ligados al grafiti y la clandestinidad. “Sigue habiendo muchos estereotipos en este sector porque venimos de la calle”, señaló, recordando que durante muchos años este tipo de expresiones artísticas eran vistas únicamente como vandalismo y no como una profesión legítima.
A pesar del reconocimiento internacional alcanzado por artistas urbanos en los últimos años, Sfhir también critica la idealización excesiva del sector. Según explicó, el muralismo ha pasado de ser rechazado socialmente a convertir a algunos artistas en figuras casi mitificadas. Para él, los muralistas son “artesanos y trabajadores” que buscan dignificar una disciplina que apenas existía profesionalmente cuando comenzó su carrera.
El artista destacó además el impacto positivo que los murales tienen en las ciudades y barrios. En su opinión, el arte urbano transforma espacios públicos, genera identidad cultural y puede convertirse en un motor turístico y económico. Precisamente, el barrio de Canido en Ferrol se ha convertido en uno de los mejores ejemplos de regeneración urbana vinculada al muralismo gracias al festival impulsado por Eduardo Hermida.
Sfhir fue uno de los pioneros en introducir murales de gran formato en el Festival de las Meninas de Canido y mantiene una relación muy estrecha con la zona desde 2017. El artista asegura que el ambiente comunitario y la implicación vecinal convierten al festival en una experiencia única dentro del panorama internacional del arte urbano.
Durante la entrevista, el muralista también defendió la necesidad de apoyar a las nuevas generaciones interesadas en el grafiti y el arte urbano. En lugar de apostar únicamente por la represión y las multas, propone habilitar espacios públicos y desarrollar talleres formativos que permitan canalizar la creatividad juvenil. “Si a la gente le gusta el fútbol, se construyen campos; ¿por qué no habilitar muros para quienes quieren pintar?”, cuestionó el artista.
Otro de los temas abordados fue la libertad creativa dentro del arte urbano. Sfhir considera que actualmente existe más presión social y temor a la cancelación debido al impacto amplificado de las redes sociales. El muralista defendió que el arte debe conservar su capacidad crítica y su libertad de expresión siempre que no promueva discursos de odio.
Las polémicas tampoco han sido ajenas a su trayectoria. Algunas de sus obras en Ferrol generaron debate por reinterpretar figuras clásicas con elementos contemporáneos como tatuajes o piercings. Sin embargo, Sfhir sostiene que sus trabajos buscan reflexionar sobre temas sociales y reivindicar la libertad individual, especialmente en relación con la representación femenina dentro del arte.
El reconocimiento internacional del artista creció especialmente tras recibir el premio al mejor mural del mundo por “La Violonchelista de Fene”, una obra realizada durante el Perla Mural Fest. Desde entonces, su trabajo ha convertido a localidades gallegas como Fene, Ferrol y Ares en referentes europeos del muralismo contemporáneo.
Actualmente, Sfhir continúa desarrollando proyectos en distintas ciudades españolas y europeas, consolidándose como uno de los nombres más influyentes del arte urbano contemporáneo. Su regreso a Ferrol confirma también el papel creciente que tienen los festivales de muralismo en la transformación cultural y visual de muchas ciudades.








